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jueves, 14 de abril de 2011

Los neo-hippies

Saludos. Hoy tengo ganas de escribir sobre un grupo social que todos conocemos; los hippies. Se pusieron de moda hace ya unas décadas y desde entonces siempre han salido nuevos afiliados a esta corriente ideológica contracultural. Acepto que pueden tener ideas positivas y que actúan de buen corazón, al menos normalmente, pero hay una serie de actitudes suyas que realmente me tocan los huevos, de ahí que les nombre en este blog.

En primer lugar debemos partir de una base y es que la abrumadora mayoría de los que en su día fueron hippies tienen actualmente puestos de trabajo de alto nivel y una posición social superior a la media. Todo esto debería ir contra sus valores pero el dinero, como ya decía Quevedo, es un caballero muy poderoso.

Este tema da para unas cuantas conversaciones largas de esas que suelen desarrollarse en la sobremesa o por la tarde con una cerveza en la mano, pero no quisiera alargarme en exceso, de ahí que trataré el tema de un hippie al que conocí hace unos meses. El tipo en cuestión era un joven artesano que se dedicaba a confeccionar pulseras con trozos de tela que había comprado a una fábrica. Las vendía a unos cinco euros y con ese dinero había estado viviendo en Ibiza y se encontraba cuando le conocí en el sur de Inglaterra. Según contaba, durante su vida en Ibiza se había dedicado a vender sus pulseras a personas que estaban en la playa o pasaban por su puestecillo. El artesano decía que lo que más le gustaba era charlar con sus clientes mientras se fumaban tranquilamente un porro de hierba. No conozco los precios de este producto pero si por cada pulsera de cinco euros vendida el colega invitaba a un porro el negocio no debía ir demasiado bien.

A pesar de que las cuentas no cuadraban, el tío, con gran pasión por la artesanía, seguía viviendo en Ibiza, participando en reuniones musicales con bongos junto al mar y disfrutando de comidas vegetarianas para no dañar animales, a pesar de que la tela que usaba era lana conseguida de la utilización comercial de ovejas. No quiero ni pensar en la cantidad de pulseras que tuvo que vender para poder pagar todos aquellos canutos y conseguir reunir el dinero suficiente para pagar su estancia en el Reino Unido, pero el artesano lo hizo. Había ido a Inglaterra a conocer mundo y aprender inglés pero se quejaba porque el precio de la marihuana era más alto que en Ibiza. Es lógica su preocupación teniendo en cuenta que en el Reino Unido no vendía pulseras ni tenía oficio conocido. Pero, eso sí, nunca le faltaba de nada.

Es aquí donde quería llegar. Estamos ante el caso de un hippie que no trabaja, apenas puede sacar dinero de sus pulseras pero vive a todo tren viajando por España y por Europa y disfrutando de los caprichos que le apetecen. ¿De dónde sale este dinero? Creo que no hace falta ser un Einstein para saber que detrás de la ropa y aspecto contracultural de este joven hay una familia con dinero que le está pagando todas sus experiencias. Y, como en tantos otros casos, cuando el artesano se canse de hacer pulseras y fumar porros charlando con desconocidos en una playa ibicenca, cuando se aburra de criticar el sistema social insensible e injusto en el que vive, volverá a casa, se pondrá un traje, una corbata y se sentará en el puesto de ejecutivo que su padre le ha guardado durante todos estos años.

2 comentarios:

  1. Tú lo has dicho, se trata de un niño pijo al que le apetece vivir de 'paz y amor'. Como saben que el dinero lo tienen, no le dan importancia y viven así. Si no, de qué cojones va a vivir en Ibiza el hippy ese. Buena entrada, estoy de acuerdo al máximo contigo.

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  2. Hombre, no se puede generalizar. Pero sin llegar a esos extremos, sí que frecuentemente encontramos casos parecidos de niñatos vividores que van por la vida con aspecto harapiento y que tienen padres que veranean en la costa a bordo de un bonito catamarán. Esos mismos padres, cuando a sus hijos se les pase la tontería de la jipipolvisca, llamarán a su contacto del banco tal o la empresa cual y colocarán a sus vástagos en algún puesto con buena remuneración.
    Así es, hamijo.

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